Ramos Generales
Aquella mañana, la señora Borinsky caminaba rápido por una calle empinada que no le significaba esfuerzo a pesar de su edad y de los achaques que la asediaban, pero sucedía que Mrs. Borinsky, según se hacía llamar en algunos círculos pretenciosos, estaba aterrada. Caminaba y giraba todo el tiempo la cabeza hacia atrás, como una veleta sometida al viento, como si alguien la persiguiera. Aferraba junto a su pecho una bolsa de papel y todo hacía pensar que la señora Borinsky había salido de su casa obligada por una razón tan importante como para mostrarse con los pelos enmarañados y sin teñir, la cara lavada, y vestida con los colores de una murga; medias de algodón caían sobre sus tobillos, y calzaba unas pantuflas de paño que, originariamente azules, los años habían vuelto gris plomo; su pollera, a pesar de ser larga, no lograba cubrir la enagua color salmón. El...