Entradas

Mostrando entradas de abril, 2010

Ramos Generales

Imagen
Aquella mañana, la señora Borinsky caminaba rápido por una calle empinada que no le significaba esfuerzo a pesar de su edad y de los achaques que la asediaban, pero sucedía que Mrs. Borinsky, según se hacía llamar en algunos círculos pretenciosos, estaba aterrada.              Caminaba y giraba todo el tiempo la cabeza hacia atrás, como una veleta sometida al viento, como si alguien la persiguiera. Aferraba junto a su pecho una bolsa de papel y todo hacía pensar que la señora Borinsky había salido de su casa obligada por una razón tan importante como para mostrarse con los pelos enmarañados y sin teñir, la cara lavada, y vestida con los colores de una murga; medias de algodón caían sobre sus tobillos, y calzaba unas pantuflas de paño que, originariamente azules, los años habían vuelto gris plomo; su pollera, a pesar de ser larga, no lograba cubrir la enagua color salmón.               El...

La misión

Imagen
El 27 de marzo de 1961, tres días después de la muerte del Almirante retirado, Richard Montley Crue, fue encontrado, entre unos documentos en el desván de su casa en Pensilvania, una bitácora de viaje del año 1947. Día 1             Nadie, ni siquiera yo, estoy de acuerdo con esta misión. Sé que lo exige el Comando Superior. Así lo refleja la carta del General Montgomery Cooper: “… por ello, estimado Almirante, no subestime ni el más mínimo detalle de esta operación. En su éxito, descansa la seguridad del mundo” Día 16             Mis hombres son grandes soldados, pero también, hombres de familia. Están intranquilos. Les cuesta creer cuando les digo que sólo me han dado coordenadas. El carácter secreto de esta misión abarca también a mi persona.             El vasto océano enturbia nuestros pensamientos. Día 22  ...

El Gato

Imagen
Siempre me pasa lo mismo. El sueño me vence a la misma hora, quince minutos antes de que termine mi programa favorito, recostado a medias con una pierna apoyada en el suelo y con Tato, mi gato, enraizado en los pelos de mi pecho. Lo peor es a la mañana siguiente. Las cervicales torcidas como las teclas de un piano caído del cielo, la aureola de la baba seca sobre mi camisa y los arañazos que me deja Tato cuando salta desde mi pecho en busca de alguna estúpida cucaracha, esas que pululan desde hace tiempo en el   baño. Irma, la señora que cada tanto realiza la limpieza de mi departamento, me aconseja como a su nieto (“vos sos como mi nieto, el del medio”). Que debo cuidarme de dormir destapado, alimentarme bien por las noches y dejar que el gato duerma en su canasto (“como vas a sacarlo de tu cama el día que tengas una esposa”) Le explique muchas veces que ya tuve una esposa y que por eso tengo al gato. No cree que sea sincero; poco me importa. Lo real es lo que sentí durante toda u...