El Hombre que repetía sus discursos
Todos ustedes saben que Don Roberto Lupachini repetía por horas el mismo discurso. Dicho así, parecería que escuchar a Lupachini significaba una tortura al oyente distraído, pero no: sus largas, floridas y emocionantes alocuciones atrapaban hasta la atención del más inquieto, ya sea niño, adulto o adolescente embotado en ensueños amorosos. El diecisiete de julio de mil novecientos ochenta y dos Don Roberto se hizo cargo de la presidencia del Club Amigos de Saavedra, una institución modelo no sólo para el barrio sino para todo club social que se precie de serlo. La cuestión fue que, en su discurso inaugural, Lupachini mostró sus cualidades oratorias en cuatro horas y treinta y cinco minutos, según el reloj que colgaba de la pared de la cancha de básquet. Algunos pasajes del discurso pudieron ser transcritos gracias a la vocación de Elba Suárez de Ordóñez, titular de actas, que gracias a sus años de directora de escuela pudo registrar párrafos inolvidables: “ … y yo les pr...