El desfiladero
En ese mismo hotel, veinticinco años antes, nos habíamos hospedado con mis padres, y ahora se veía un tanto diferente: la fachada estaba enmohecida, la maleza cubría las paredes, y casi todas las baldosas del camino de la entrada estaban sueltas. Se me ocurrió que nadie había vuelto a pisar ese lugar desde que nos fuimos en aquel verano. Un vaho húmedo y repugnante me detuvo en la puerta; tomé aire, me acerqué al mostrador de la recepción y toqué el timbre. Pedí la ciento veintidós; no sabía por qué aún retenía en mi mente el número de la habitación que habíamos ocupado en aquel entonces. El cuarto era más pequeño de lo que recordaba; dejé el bolso y el casco de la moto sobre la cama de arriba. En el baño me sacudí el polvo del camino. Apoyé sobre la mesa la caja de metal, y enseguida saqué de ella todos los elementos que necesitaba salvo uno que había olvidado. Me saqué los borceguíes, y a uno de ellos le quité el cordón. Vacié una petaca de whisky en un vaso que encontr...