Rock Star
Lo tengo decidido, la próxima vez que una estrella de rock
se ponga hablar del medio ambiente y de ballenas, yo mismo, sin medir
consecuencias, subiré al escenario y le propinaré un golpe certero y acallador.
A dónde fueron a parar los sueños anarquistas,
revolucionarios al pedo, de violencia sin sentido. Ahora, las estrellitas
pedorras hablan de cosas light, de la capa de ozono, de la paz mundial,
mientras tanto ellos siguen acumulando el dinero que ganan de sus sponsors, los
mismos que contaminan irremediablemente el planeta, y que encima los vuelve
paranoicos y cagones. Sí, re cagones, porque antes si queríamos tocar a nuestra
estrella de rock, subíamos al escenario y él mismo nos pateaba el orto o los
dientes, y en un acto de mayúsculo amor le mostrábamos nuestra sangre al mismo
tiempo que hacíamos con la mano el gesto de los cuernitos como señal de
aprobación y fidelidad. Pero en la actualidad, en la era del xanax y del
rivotril, los mozalbetes hermafroditas tienen ataques de pánico cuando algunas
nenas histéricas les quieren arañar el bulto.
¿Han
entrado últimamente a un camarín de una Pop Star? ¡Mi Dios! Jugos naturales,
frutas frescas, aguas francesas, dátiles y otras sartas de cosas naturistas ¿Y
el whisky?, ¿las botellas de gin volcadas?, ¿las copas sucias de vino tinto?,
¿los ceniceros atiborrados de puchos y porros?, ¿los espejos?, ¿las minitas
regaladas sobre los sillones y el olor a sexo fresco? Eso era magia, poder,
futuro e irreverencia.
Sigo
recorriendo tugurios en busca de aquel perfume ochentoso, pero no hay caso. La última vez fue un escándalo. Había llegado
a un antro al cual ingresabas bajando unas escaleras empinadas y muy meadas, todo
parecía estar genial, tal vez, al fin, mi búsqueda de una bocanada de rocanrol se
daría allí. En el interior había unas mujeres bastante monas, casi todas con
largos tragos en sus manos. No percibí el color frutal de los daiquiris, bebida
descerebrada si las hay, sino la indecisa mezcla del destornillador. En el cartel de la entrada había leído que
tocaba “Brotes de rencor”, así que me preparé para escuchar una banda oscura,
nihilista, enojada con todos los que íbamos a verla. Me pedí en la barra un
Chacho y esperé. Me chupó un huevo y prendí un Imparciales, las leyes
antitabaco son, para mí, inconstitucionales. Tuve que aguantar la cara de culo
de una parejita que ante mi primera voluta hicieron el gestito estúpido de
abanicar al aire para que el humo no los molestara. Idiotas. Cuando mis ojos
comenzaron a acostumbrarse a la penumbra del lugar empecé a notar que algunas
cosas no encajaban. Los tipos vestían sweters de escote en V y las minitas ropas
de colores pasteles que me insinuaban frigidez. Pasé al whisky y,
terminando el tercer vaso, apareció la
banda.
No
los dejé terminar el primer tema. “Maricas”, les grité en el primer falsete.
Los tipos estaban peinados como mi tía Elvira, unas melenas planchadas e
idénticas unas a las otras. Sus cuerpos eran tan delicados que debían de cagar
con asistencia médica. ¡Qué asco de espectáculo! No me lo banqué más y mientras
todos se espantaban ante mi avance al escenario, les arrojé el candado de mi
moto. El cantante tuvo suerte, no así el baterista. Todo se transformó en un
pandemónium. Unas tipas pedían a gritos a una ambulancia espantadas por la
sangre que brotaba de la ceja del batero. Yo pensaba, al mismo tiempo que
acogotaba a uno de los plomos, en todo el tiempo que tardaría en llegar una
ambulancia y esa idea me divertía. Repartí a diestra y siniestra. A un flaquito de
pantalones rosas demasiado ajustados lo levanté desde el cinturón y pude
escuchar gozoso como cambió su voz a una más finita.
No
quedó casi nada en la barra. Entre el desparramo que se armó y los inadaptados
de siempre que aprovechan para saquear, apenas quedó una botella de Legui que
descorché para sanar mis heridas.
Esa
noche me retiré desilusionado, abrazado de tristeza, yo que crecí con el pogo
ahora tengo que aguantar a monigotes que bailan balanceándose como las muñequitas
de una cajita musical.
Y
como frutilla de un postre rancio, la ambulancia apenas tardó 7 minutos. ¡Mundo
de mierda!

Excelente la melancolía del rocker! Excelente el relato, René Roca genius!
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