Caín y Lombardi

Entonces Yahvé le dijo: “¿qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano grita de la tierra hasta mi”
Génesis 4.10




Caín se había quitado con desesperación las pieles que cubrían su cuerpo, y ahora, desnudo bajaba de la montaña, las manos y el pecho bañados en sangre. Había desafiado a Dios y temía su venganza.

          Las luces azules de las patrullas se movían veloces por las inmediaciones del puerto. Rubén Lombardi, escondido entre las sombras de las dragas abandonadas, se hundía en su abrigo de piel; el frío y la noche eran sus aliados.

          Caín vagó sin rumbo durante varios días, y ya hambriento y agotado llegó a un valle muy fértil, donde encontró una piedra que, en apariencia, era un altar. Se recostó sobre ella, aún con la presión de la sangre seca en su piel y  sin atreverse a limpiarla, un pequeño gesto que le guardaba una esperanza de redención.

          Lombardi apretaba contra su cuerpo el arma aún caliente. El olor a  pólvora le daba náuseas. Decidió huir hacia el lado sur de la ciudad, y logró llegar, no sin dificultades, hasta un malecón, desde el cual saltó para refugiarse entre la gruesa pared y la vegetación a orillas del río.
          En cuclillas, más calmo, comenzó a llorar.

          Un fuerte trueno despertó a Caín, quien sintió el alivio de regresar de sus pesadillas; enseguida escuchó una voz que lo llamaba:
      -¡Caín, Caín!
          Cayó al suelo aterrorizado, y se cubrió detrás de unos arbustos, hasta que la voz preguntó:
-        ¿Qué has hecho, Caín?; ¿dónde está tu hermano? ¿Acaso crees que no conozco la sangre de Abel?
Con cada palabra que salía de la firme voz de Yahvé, Caín temblaba de miedo.
-        Maldito serás, Caín. El tiempo se ha detenido para ti porque has derramado la sangre de tu hermano. Tu condena será la de repetir tu pasado en todas las vidas que tengas en este mundo.

Consideraban el plan como perfecto. Rubén tenía la llave del depósito, que le había facilitado una novia de ocasión, una empleada de la compañía importadora; la muchacha creyó en las mentiras del mayor de los Lombardi. José, el menor, esperaría afuera con el auto en marcha, y así Rubén, al ingresar al lugar, tomaría el dinero guardado en un armario de fácil acceso. El futuro estaba al alcance de las manos, pero algo salió mal.
 Agentes de la Policía y de Prefectura rodearon el depósito. José entró en pánico y decidió dejar a su hermano a pocos metros de que pudiera alcanzar el auto.
     Rubén, furioso, disparó cuatro veces sobre el parabrisas trasero, y una de las balas alcanzó a José.

     Más tarde, esa misma noche, se oyó un disparo en las cercanías del río. Rubén Lombardi, antes de disparar, había enterrado el caño de la pistola en su boca. La marea alta escondió su cuerpo y lavó todo rastro de la sangre de Caín.

Comentarios

  1. Por qué con ese nombre y ese apellido? Conozco a un Rubén Lombardi que es capaz de hacer cosas terribles, macabras

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  2. Es la magia de la ficción (cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia)
    me aburriría poner a los personajes nombres como josé perez, juan garcía, carlos rodriguez, etc. prefiero los estanic vasalovicz, guillermo octavio quinterno, analía Desiderio, Romina Orlock, etc.
    Por las dudas alejate de ese Ruben ;-)

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  3. hola fede el relato es muy bueno, me llamo Ruben Lombardi y te aseguro que nunca seria capaz de algo tan terrible, igual no me molesta para nada que se pongan nombres reales en ficcion, te mando un abrazo!

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  4. jajaja, viste, la realidad es parte de la ficción. no será que sos mi personaje que cobró vida, mmm.
    me alegro que te haya gustado. un abrazo

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