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La especialidad olímpica de James Halbroock

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  Participar en los Juegos Olímpicos siempre había sido el sueño de James Halbrook. Ya desde pequeño, cuando rompía las farolas públicas con la gomera, su tío Frank decía orgulloso: “qué puntería tiene el niño”. Apenas ingresado en la escuela secundaria, James la representó en la competencia anual de tiro al blanco organizada por el condado Anaheim, lo que le valió un segundo puesto y la clasificación para el campeonato Estatal que, tras un intento fallido, James ganó al año siguiente con holgada diferencia sobre su segundo. A lo largo y ancho del país de la Asociación Nacional del Rifle y de la Segunda Enmienda participó de innumerables competencias, y en todas ellas fue protagonista. Como resultado, una revista especializada lo llamó “El Joven de la puntería de oro”. Sus desafíos eran cada vez mayores, muy pronto le llegó la responsabilidad de asumirlos como un profesional. Para ello estaba el tío Frank, un veterano de guerra que vestía siempre una campera militar en la que...

Felicidad

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No quiero caer en prejuzgamientos ni condicionar al lector sobre los eventos que relataré, pero debo decir que Anselmo es un buen hombre. Hago esta aclaración porque muchos no comparten su historia reciente. Sus métodos en cuanto a la caridad, lejos de la ortodoxia, rozan lo ético (hay quienes sostienen que lo estético también). Con cincuenta y dos años, Anselmo tiene un cuerpo envidiable. Es docente en Educación Física y realiza los ejercicios a la par de sus alumnos. Esto le trajo prestigio en la comunidad educativa al ser visto como un hombre que practica los mismos valores que transmite. Eligió quedarse soltero para no abandonar a su madre, viuda desde muy joven. Doña Elba, con ochenta y tres años, es su compañera y consejera. Anselmo siente alivio cada vez que llega a su casa y sabe que la “viejita” lo aguarda con olor a masa en las manos y de churrasco en toda la casa. “Qué bueno es el nene”, solían decir las amigas de Elba. Cuando en las noches de invierno se quedaban atra...

El inventor Melvin Iriarte

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  La primera vez que vi a Melvin Iriarte fue un once de enero en una panadería de La Lucila. Yo tenía la esperanza de comprar una Rosca de Reyes un poco más barata, él se me acercó y comenzó una charla de lo más banal,con preguntas acerca de mi vida, pero me sorprendió con la exactitud y los temas en los que indagaba, como si ya me hubiera investigado. Volví a verlo unas semanas después en la puerta de mi casa. Lo atendí sin demostrar que lo había reconocido, con la actitud de quien le abre la puerta al cartero, al repartidor de pizza o a aquel sinvergüenza que vendía Biblias en cuotas. -Hola –me dijo- seguro se acuerda de mí… en la panadería… hace unas semanas... -… -Tal vez le resulte extraño, pero hace tiempo que quiero hablar con usted. -¿Conmigo? -Sí, señor Chávez, con usted. No me sorprendió que supiera mi nombre.Lo invité a entrar.Repasé la mesa para sacar las migas de pan y preparé unos mates que el tal Melvin aceptó gustoso. -Bueno, Chávez –pronunció la “...

El pescador de Tiberíades

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Ruben golpeó la mesa con el puño y, enojado, miró a Felipe que ni se inmutó. -           Vos querés que me crucifiquen, ¿no? ¿No te das cuenta de que por tu insolencia nada me impediría sacar la espada y decapitarte sin siquiera un juicio de por medio? -           Y cómo te pensás que vamos a terminar todos los que lo seguimos, Ruben; eso para mí no es una amenaza, es la certeza del final de esta vida… Vamos, primo, comprendeme, comprendenos… -           Cómo se te ocurre, Felipe. Soy el prefecto de esta ciudad, el representante del Imperio Romano y darte lo que me pedís significaría mi final. -           No exageres. Hemos reunido doscientos denarios, suficientes como  para sobornar a tus funcionarios más fieles. – Felipe hizo una pausa: - Necesitamos esos pescados, hay miles de personas h...

Rock Star

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Lo tengo decidido, la próxima vez que una estrella de rock se ponga hablar del medio ambiente y de ballenas, yo mismo, sin medir consecuencias, subiré al escenario y le propinaré un golpe certero y acallador. A dónde fueron a parar los sueños anarquistas, revolucionarios al pedo, de violencia sin sentido. Ahora, las estrellitas pedorras hablan de cosas light, de la capa de ozono, de la paz mundial, mientras tanto ellos siguen acumulando el dinero que ganan de sus sponsors, los mismos que contaminan irremediablemente el planeta, y que encima los vuelve paranoicos y cagones. Sí, re cagones, porque antes si queríamos tocar a nuestra estrella de rock, subíamos al escenario y él mismo nos pateaba el orto o los dientes, y en un acto de mayúsculo amor le mostrábamos nuestra sangre al mismo tiempo que hacíamos con la mano el gesto de los cuernitos como señal de aprobación y fidelidad. Pero en la actualidad, en la era del xanax y del rivotril, los mozalbetes hermafroditas tienen ataques d...

Ciruelo

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No tengo huevos para pegarme un tiro, ni para tirarme del piso once, pero sí tengo huevos para tomarme veinte pastillas y abrir el gas. (Nino)     Los internos y los doctores, a veces no distingo unos de otros, decían que Nino había podido trepar el muro gracias a las ramas del ciruelo. No para huir, no era esa su intención. No saltó a la calle, se quedó recostado en la parte superior de la pared, boca abajo, los brazos y piernas colgaban hacia los lados del muro. Era un espectáculo insólito, no violento ni peligroso, pero cuando se trataba de Nino la alteración del universo era siempre una posibilidad. Yo lo entendía. Imaginá que tu mente no reconozca nada de lo que te rodea. Nino caminaba sobre una realidad que sabía ajena, y eso lo angustiaba. Estaba seguro de que su cuerpo   era la bóveda que lo encerraba. Todos éramos extranjeros ante sus ojos; nuestras palabras y sonidos el eco mudo de lo que ya murió. Sus brazos y piernas colgaban ent...